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Homenaje a Emilio Monzó Torrijo

publicado a la‎(s)‎ 13 nov. 2017 12:00 por Cristina Escrivá Moscardó

HOMENAJE A EMILIO MONZÓ TORRIJO. ALUMNO DEL INSTITUTO OBRERO DE VALENCIA (1936-1939)
Cristina Escrivà Moscardó (Editora Literaria)


Román Villar Valverde 
Fundación Salvador Seguí


Este libro, que se presentó en la Sociedad Coral el Micalet el 6 de noviembre de 2017 con la presencia de su protagonista, recoge la crónica sobre el homenaje que rindió la Asociación Cultural Instituto Obrero de València, el pasado mes de febrero de 2017, a uno de los últimos supervivientes y protagonistas de uno de los episodios más aciagos de nuestra historia. El homenajeado en cuestión, Emilio Monzó Torrijo, es una de esas personas que como tantas otras fueron silenciadas durante cuarenta años por el yugo que impusieron los vencedores. No obstante, sus vivencias que superan con creces cualquier guion cinematográfico hollywoodiense se habrían diluido en el erial de la memoria, sepultadas en alegóricas cunetas como muchos de sus protagonistas que a día de hoy todavía permanecen. Por suerte, gracias a la excelentísima labor de recuperación de la memoria histórica perpetrada por un gran número de investigadores, asociaciones culturales y sindicales -los cuales se merecen el reconocimiento que pocas veces se les brinda- consiguieron rescatar del ostracismo un gran número de testimonios de aquellos olvidados que ahora por fin llegan hasta nosotros. Entre ellas cabría destacar especialmente a la investigadora Cristina Escrivà Moscardó, autora del libro que estoy comentando.

Este homenaje, realizado por la Asociación Cultural Instituto Obrero, no es baladí, pues es gracias al propio Emilio Monzó que esta entidad llegue hasta nosotros. El Instituto Obrero fue creado por el gobierno de la República en 1936 con la finalidad de hacer accesible la educación secundaria a las clases populares en un tiempo en el que la cultura estaba reservada a las élites dominantes de la sociedad y monopolizado por la iglesia católica. Una de las características de esta nueva escuela iluminada eran los modernos métodos pedagógicos, además de su carácter laico y solidario. En el Instituto Obrero se sincretizan las diferentes corrientes pedagógicas que habían intentado paliar un problema tan arraigado como era el analfabetismo en el pueblo español. Se aúnan los criterios de la Escuela Nueva de Nuñez de Arenas y el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. Se pretendía formar a jóvenes pertenecientes a la clase obrera de entre 15 y 18 años en un bachiller de dos años de duración. Con el desarrollo del conflicto bélico, el gobierno de la República se asienta en la capital del Turia, es aquí en Valencia, lejos del frente de batalla, donde se abre el primero de ellos por la ventajosa situación en la que se encontraba la ciudad. El Instituto se ubicó en el antiguo colegio de los Jesuitas de la avenida Fernando el Católico. Esta efímera experiencia pedagógica arranca con una promoción de unos 143 estudiantes y pasaran por el Instituto unos 800 alumnos y alumnas, entre ellos el protagonista de nuestra historia, Emilio Monzó.

En el libro, a parte de la crónica del acto de homenaje donde se hace un resumen de las diferentes actividades realizadas, como la interpretación del Himno del Riego o la recitación de diferentes composiciones poéticas, se encuentra también una reseña biográfica sobre la vida de Emilio Monzó y una conversación epistolar entre nuestro homenajeado y del profesor José Beltrán llavador. 

La vida de nuestro protagonista, como la de tantos otros que permanecen en el anonimato, está plagada de luces y sombras. Su vida comienza un 28 de noviembre de 1920 en la ciudad de València. Como la mayoría de niños de clase obrera de su tiempo se vio obligado a comenzar su vida laboral a la tierna edad de 11 años. Los recuerdos que tiene de su infancia sobre todo de la escuela lóbrega y oscura a la que acudió siendo niño contrastan con el lucido recuerdo de su paso por el Instituto Obrero. En 1936 se afila a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) y mediante esta organización accederá al Instituto. Una vez dentro se afiliará también al sindicato estudiantil Federación Universitaria Escolar (FUE). En el libro se aprecia el magnífico recuerdo que tiene sobre los métodos de enseñanza de esta institución educativa donde, según él no les enseñaban únicamente a memorizar, todo lo contrario, les enseñaban a crear un pensamiento crítico y autónomo. La pasión por la cultura y su ardor revolucionario le llevaron a alistarse de voluntario en la 11ª División del Ejército Popular comandada por Enrique Líster donde participó en la batalla del Ebro consiguiendo el grado de teniente del Estado Mayor como jefe del servicio de Información Militar. También se alistará en las Milicias de la Cultura, cuerpo de maestros e instructores con el cual aparte de combatir el fascismo, también combatía el analfabetismo allá por donde pasaba el ejército popular. 

Tras la amarga derrota del bando republicano se puso fin a todas estas experiencias emancipadoras de la clase trabajadora, volviendo una vez más a la España de las cadenas cubierta por un velo de oscuridad que duraría 40 años. Nuestro protagonista se vio obligado a partir al exilio, esto lo recoge en su obra autobiográfica Exilio. Es un crudo testimonio compartido por miles de españoles obligados a cruzar la frontera huyendo de las represalias y del horror de la guerra. Es curioso como a pesar del supuesto progreso de la civilización, la historia tiende a repetirse constantemente como en ciclos de horror y miseria; las largas columnas de refugiados sin nombre que atravesaban los pirineos en dirección a un destino no mucho mejor, es repetida hoy en pleno siglo XXI en el este de Europa producto de las guerras en oriente medio consecuencia de la vorágine de occidente y de la cerrazón humana.

Tras cruzar la frontera y llegar a Francia pasará por tres campos de concentración, esto coincidirá con el estallido del mayor conflicto bélico de la historia de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial. Allí tras varios intentos de fuga acabara engrosando las filas de la Resistencia francesa frente a la ocupación del Tercer Reich. En el octubre de 1944 participará en la Operación Reconquista de España, que fue un infructuoso intento de invasión que se produjo por el Valle de Arán para derrocar el gobierno golpista. Tras el fracaso de esta operación permanecería unos años en Francia donde, gracias a la base recibida en el Instituto Obrero, se formaría en la profesión de electricista. En Francia conocería a la que sería su esposa, tras un tiempo en Orleans partiría hacia América, asentándose en Paraguay y posteriormente en Argentina, donde pasó los mejores años de su vida. Finalmente regresó a España en 1977.



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